A
contrapelo de muchos analistas sociales que hablan del ocaso de la religión en un
contexto cultural secularizado, pienso justamente lo contrario: que hay un revival
de la religión. Lo que en cambio es novedoso, es la desinstitucionalización del
creer. Es decir, el modo de re-ligación de los nuevos creyentes se construye al
margen de las iglesias tradicionales. Y esto por muchas razones, entre las que
enumeraré sólo algunas que escuché en ciertos lugares, de algunos amigos, de
varios jóvenes y también de colegas:
1.
La convicción de muchos creyentes de que
las iglesias son un obstáculo para la vida feliz por la insistencia en el
pecado, la culpa, el cumplimiento de normas, la negación del goce y del
disfrute, etc., etc. Pareciera que la fe llena de insatisfacción, amargura y
represión…para ser felices hay que vivir al margen o a escondidas o…
2.
La experiencia de muchos creyentes con
inquietudes sociales que sostienen que la iglesia predica sobre aspectos tan
espirituales que poco tienen que ver con lo humano, los sentimientos, lo que a
la gente le pasa. Sospechan que la fe tiene que ver con una mala conciencia y
con el sentimiento que para ser felices plenamente hay que esperar la vida
eterna… mientras tanto acá abajo tenes que sufrir.
3.
La irrelevancia teórica y práctica de
ciertas propuestas espirituales en la línea de retornos fideistas o
espiritualismos para acompañar a los fieles de hoy. Pareciera que no hay
razones persuasivas y coherentes para vivir los valores evangélicos hoy, no
aportan ningún plus a la vida o daría lo mismo ser creyentes que no serlo. Además
pareciera que ser creyente hasta es poco ventajoso, rentable y no agrega ningún
plus a la condición social
4.
La proliferación de fenómenos religiosos
conservadores y fundamentalistas que privatizan la fe. Muchos sospechan que se
trata de un retraimiento de la dimensión social de la fe para reducir la
experiencia a cofradías y otros grupos sectarios o autorreferenciales donde se
comparten los mismos valores, las mismas creencias y las mismas prácticas. Son
una respuesta ante el caos, la incertidumbres. Estamos tan bien aquí…hagamos
tres carpas!!!
5.
Una estética de la fe poco estimulante para
algunos (o muchos) creyentes que consideran poco atractivas y gratificantes las
celebraciones religiosas. O que las mismas responden a necesidades canónicas
(formularios, rituales, esquemas generales, lenguajes anticuados, expresiones
dogmáticas, etc.) pero no a las inquietudes y problemas de la gente, las
situaciones por las que pasa, las crisis de la vida, etc.
Todavía
hay cierta nostalgia de otros tiempos mejores en muchos sectores eclesiales y en
muchos agentes pastorales también. La insistencia en la fidelidad, en la
conservación de la fe, en la evangelización como cruzada, en la defensa de los
valores católicos (por cristianos), la insistencia constante en las normas de
la moral y las costumbres y la desacreditación de lo otro como relativismo
cultural. Estamos en un tiempo histórico excepcional para pensar y actuar
nuevamente la inculturación del evangelio y repensar los modelos eclesiales en
la actualidad desde la lógica de la encarnación. Tenía razón Jon Sobrino cuando
decía que “la esencia de la Iglesia no existe sino en cuento se historiza.
De ahí que la reflexión eclesiológica
sin esa historización no sólo sería idealista y triunfalista por una parte y
con grave peligro de irrelevancia por otra, sino que no sería teológica. (…)
Por ello, lo que ocurre en la Iglesia y lo que ocurre de novedoso puede y debe
ser a priori fuente de conocimiento teológico.”[1]
Me
pregunto en este contexto: ¿Es posible plantear un nuevo modelo eclesial que
posibilite la satisfacción, el goce y el disfrute de la pertenencia sin que se
conviertan en formas de identidad refractarias a las diferencias y de filiaciones
cerradas? ¿Seremos capaces de proponer una mística que reconozca la presencia
de Dios en la cultura como base para hacer (tener) experiencia de Dios, que
mantenga la alegría, la esperanza y el compromiso por la justicia? ¿Cómo pensar
teológicamente una pastoral que acompañe y cuide la subjetividad de los
creyentes en la construcción de la experiencia de fe?
[1] SOBRINO, Jon, Resurrección de la verdadera Iglesia, Los
pobre, lugar teológico de la eclesiología, Santander, 1981, pág. 17.